Judit Florensa. El lenguaje no verbal de los motoristas forma parte de una cultura propia dentro del mundo del motor. Es un idioma, un código que se ha ido formando de manera espontánea con el paso del tiempo y que se ha ido transmitiendo entre generaciones de moteros. Comunicarse en marcha siempre ha sido una cuestión complicada por la velocidad y el ruido que se genera fruto de la propia circulación. Hoy en día hay soluciones como los intercomunicadores, que permiten que estos mensajes fluyan de la mejor manera, pero también existen otros métodos que funcionan y que comparten prácticamente todas las personas que van en moto: las señales y los gestos.
La imposibilidad de hablar con normalidad y la necesidad de reaccionar con rapidez y seguridad hace que sea una cuestión muy importante. La base para que este idioma funcione es que sea efectivo y para ello debe ser fácil de hacer, interpretar y deducir. Además, no tiene que implicar un riesgo extra para quien lo haga. Está muy bien avisar al resto, siempre y cuando se haga con la máxima seguridad posible. Si para informar de algo perdemos capacidad de control y concentración, mejor buscar otra alternativa.
Los más comunes
Cuando hablamos de comunicación no nos referimos solo a la intención de avisar de alguna incidencia. Un ejemplo es la V con los dedos índice y corazón de la mano izquierda cuando te cruzas con otro motero, que simboliza respeto y camaradería. O levantar sutilmente la mano, siempre cerca del manillar, considerado un saludo tradicional.
Si necesitas detenerte, puedes avisar levantando el brazo con el puño cerrado o la mano hacia arriba, de manera que el resto interpreten que va a ser algo inminente. Mover el brazo arriba y abajo con movimientos repetidos indica que debemos reducir la velocidad por el motivo que sea. Mientras que de atrás hacia delante es una buena forma de decir que pueden adelantarte.
Sacar la pierna hacia la derecha o la izquierda advierte de la presencia de algo en la carretera que puede comprometer nuestra seguridad, como una piedra, rama o algún elemento que se haya desprendido de otro vehículo. También puede significar que el agarre en ese punto no es el óptimo por acumulación de agua o por la presencia de una placa de hielo en caso de circular durante las épocas más frías del año.
El pulgar hacia arriba puede servir para indicar que todo está bien. Y hacia abajo, para advertir justo de lo contrario, que hay algún problema. Si este mismo gesto lo haces sobre el depósito y en movimiento, estarías dando a entender que vas justo de gasolina y que necesitas repostar. Y no solo se trata de usar brazos y piernas. Los intermitentes son una opción muy buena para advertir de la presencia de algún peligro cuando lo ves con suficiente margen y antelación.
Comunicarse en grupo
Cuando circulamos solos, estos gestos se centran principalmente en dos temas: saludos y avisos rápidos. Pero cuando vamos en grupo, la cosa se complica porque debemos tener en consideración otros aspectos como la organización, la jerarquía y la seguridad colectiva. Algunos gestos son más internacionales y todo el mundo los reconoce, pero hay muchos otros que pueden dar pie a distintas interpretaciones. Es por eso que, si sueles hacer salidas o viajes con más gente, es importante que todos los miembros del grupo compartan ese mismo idioma. Cuantos más kilómetros acumuléis juntos, más por la mano lo tendréis y mejor fluirá la comunicación.
Dominar y conocer este lenguaje compartido es garantía de seguridad. Un briefing o recordatorio antes de arrancar nunca está de más. Tener claros los códigos ayudará a que interactuéis de forma más efectiva. Un buen momento para hacerlo sería el punto de encuentro. La gasolinera es un sitio muy recomendable porque podéis aprovechar para llenar combustible y así sincronizar las paradas para repostar en la medida de lo posible.
La mayor parte de la responsabilidad recae sobre el líder del grupo, que es el primero en encontrarse con ciertas circunstancias que pueden comprometer la seguridad de todos, como la presencia de grava, aceite, baches u otros riesgos en la vía. Además, es el encargado de indicar y recordar los cambios de dirección o paradas, entre otras cuestiones.
Aquí ya entran muchos otros mensajes. Uno de ellos es estirar el brazo hacia arriba con el dedo índice señalando al cielo para advertir de que el grupo debe ponerse en fila india. Otro ejemplo puede darse en el momento de tener que avisar para arrancar motores después de alguna parada, que se puede hacer mediante un círculo al aire, como si empezara la acción. Esta seña también podría valer en otras circunstancias. Una de ellas sería para informar de la presencia de policía o de un radar a moteros que circulan en sentido contrario o la necesidad de dar la vuelta por una posible equivocación en la ruta. Por eso insistimos en que todos los integrantes del grupo deben tener claro el significado de cada mensaje porque, como veis, estamos hablando de un lenguaje que permite muchísimas posibilidades.
El pasajero también debe dominar el idioma motero
Para terminar, no nos podemos olvidar de los pasajeros. En caso de que suelas llevar acompañante, es primordial que comprenda estos códigos. De este modo, podrá ayudar a reaccionar en cada situación, a enfatizar el mensaje si es necesario y a hacerlo más visible para el resto de moteros del grupo o vehículos que circulen por la vía.
En definitiva, el lenguaje no verbal de los motoristas es una herramienta esencial que combina seguridad, eficacia y compañerismo. Es rápido, universal y no depende de dispositivos electrónicos. Conocer y utilizar correctamente estos gestos no solo mejora la conducción en grupo, sino que también refuerza el vínculo entre quienes comparten la pasión por las dos ruedas.




